Libertad de expresión y censura entre cristianos

 



En la batalla constante contra las asechanzas del diablo, que ronda como león rugiente en este mundo, los cristianos deben ser los principales defensores de la libertad de expresión.

Deberíamos ser los primeros en alzar la voz y lamentarnos cuando los poderosos de este mundo intenten silenciar la verdad y censurar aquello que es justo. Y tampoco debería importar si la expresión de alguien es justa o no, la expresión sigue y debería seguir siendo libre. La justicia o la verdad no censuran ni prohíbe a aquellos que están equivocados; simplemente los contradice y gana cualquier expresión con argumentos sólidos y bíblicos.

La censura puede manifestarse en distintos ámbitos de la vida cotidiana: en la escuela, en el trabajo, en la calle, y especialmente en el vasto mundo del internet. En el ámbito cibernético, muchas acciones y prácticas están estrictamente reguladas; lo que es legal se permite, y lo que no lo es, se prohíbe. Sin embargo, esta legalidad no debería limitar la libertad inherente del ser humano para expresarse. Las leyes pueden regir sobre nuestras acciones físicas, pero la capacidad de hablar y compartir pensamientos es una dimensión que trasciende lo meramente legal.

Como dice la Escritura en Proverbios 18:21: ‘La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos’.

Policías religiosos

No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”. 1 Pedro 5:3

Es en nuestras palabras, más que en nuestras acciones, donde reside la verdadera libertad de expresión, la cual debe ser protegida y ejercida con libertad.

Hay un problema grave que está surgiendo dentro del pueblo cristiano, y es el surgimiento de los nuevos “policías religiosos”, que buscan limitar la libertad de expresión de otros creyentes.

Imaginemos a un líder religioso con una mentalidad autoritaria y comunista: soberbio, arrogante, codicioso, amante de sí mismo y de ganancias deshonestas. Este líder no enseña la Biblia con fidelidad, pero es un gran crítico de todos a su alrededor. Nadie escapa de sus juicios, y sus críticas más severas se dirigen precisamente hacia el pueblo cristiano. Este 'policía religioso’ se reserva el derecho exclusivo de criticar, pero no tolera que otros lo cuestionen o piensen de manera diferente. Si alguien osa criticarlo o tener una opinión distinta, su reacción es de enojo y furia, buscando destruir y silenciar a sus opositores. Todo esto lo hace de manera pública, exponiendo a sus seguidores, quienes, lamentablemente, han caído en su trampa y se encuentran atrapados bajo su influencia.

Este comportamiento contradice profundamente el espíritu del Evangelio, que nos llama a la humildad y a edificar a los demás con nuestras palabras. Jesús nos enseñó no solo a amar a nuestros enemigos, sino también a perdonarlos 'hasta setenta veces siete’ (Mateo 18:22). Cuando los cristianos olvidan estas verdades fundamentales, caen en una apostasía completa, alejándose del verdadero mensaje de Cristo y de la esencia del amor y la gracia que Él nos ha llamado a vivir.  

La verdadera autoridad espiritual no se impone con arrogancia ni censura, sino con el ejemplo de una vida conforme a la Palabra de Dios. Que entre cristianos haya enfrentamientos con un espíritu diabólico de censura es una gran mancha para el cristianismo y el propio Señor Jesús, quien es la cabeza de la iglesia.

Como cristianos verdaderos, debemos estar siempre preparados para dar una defensa bíblica a todo aquel que, en el ejercicio de su libertad de expresión, piense diferente y nos critique. La Biblia nos exhorta a evitar conversaciones y discusiones necias (2 Timoteo 2:23), pero también nos llama a estar listos para responder con mansedumbre y respeto. Nuestra defensa no debe ser la censura de la libertad de expresión, sino la proclamación de la verdad infalible que encontramos en las Escrituras.

Como nos instruye 1 Pedro 3:15: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”.

No debemos caer en la trampa de la censura; en cambio, debemos confiar en la Palabra de Dios, que es viva y eficaz (Hebreos 4:12), y estar preparados para responder bíblicamente a cualquiera, mostrando que la verdad siempre prevalece a través de argumentos sólidos y fundamentados en la Escritura.


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