Génesis 21:1-7 relata el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham y Sara. Ellos eran una pareja anciana, y Sara había sido estéril toda su vida. Pero Dios, fiel a Su promesa, les concedió un hijo, Isaac, cuando parecía imposible a los ojos humanos. Abraham y Sara no pusieron su esperanza en las circunstancias ni en la aprobación de otros, sino en Dios, quien cumplió lo que les había prometido. Sara expresó esta alegría diciendo: “Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oiga se reirá conmigo” (Génesis 21:6). Su gozo no dependía de la reacción de otros, sino del poder de Dios para dar vida, incluso cuando todo parecía perdido. Una bendición para ellos, no para extraños El nacimiento de Isaac fue una celebración íntima entre Abraham, Sara, y Dios. Aunque otros se alegraron, la Escritura subraya la relación personal de ellos con el Señor y cómo este hijo fue la realización de un pacto entre Dios y Abraham. Lecciones de protección frente a influencias externas Más adelante, en Génesi...
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